
No es para nada raro despertarse en este tiempo con un día otoñal, otoñoso, otoñudo, o como se diga (y es que me encanta inventar palabras)
El punto es que no es casualidad.
ES TODA UNA CONSPIRACIÓN
Cuando las nubes con cierto grado de complicidad cubren el cielo, nadie en la tierra logra enterarse de lo que está haciendo el sol en ese momento
y es que a veces, allá en las alturas y en las profundidades, toda la inmensidad se torna tan minúscula y a la vez tan extensa al volverse vacía.
Cuando respiramos la ausencia, esta nos ahoga.
En días como este, el sol se nos escapa para estar con el mar.
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