Creo que el sentido de no-pertenencia con la gente, con los lugares donde he vivido y con mi entorno en general se ha agudizado con los años. Y el plan maestro de hacer que funcione la normalidad resulta, a veces, pero es realmente agotador. Y lo peor es que intentando ser lo de que debo ser se pierde lo que soy y ya no sé quién soy, en qué me estoy convirtiendo, no sé qué es lo que quiero ni lo que debo querer.
Tanto tiempo haciendo lo que debo hacer no me deja tiempo para hacer lo que quiero (que no sé qué mierda es)
Una vez amé a alguien que entendía todo esto y ya no está; y yo me perdí.
Enajenación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario