Y me di cuenta que aunque siga continuamente cuestionando la realidad de las cosas que me han pasado, hay algo que siempre me recordará que sí son reales, y que por mucho que desee a veces que no hayan pasado, me recuerda a que sí pasaron. Quizás las olvidé, quizás se distorsionan con el tiempo, quizás ya no son tan claras como en algún momento lo fueron, pero hay algo que sí recuerdo.
Al final, todo es acerca de cómo te sentías en ese momento y la música que te acompañaba en ese entonces.
WHERE SOUL MEETS BODY
sábado, 16 de marzo de 2013
viernes, 15 de febrero de 2013
Empezar
Fue una mierda anudarme la garganta, no decirte hola ni saber decir adiós.
Porque una vez sabía (supe, que no estoy mintiendo) decirlo. Sólo decía adiós. Pero no me gustaba y era tal la atracción que me produjeron los hastaluegos que empecé a llenarme la boca con sus sílabas. Empecé a introducirlos entre los dientes, los masticaba un poco y me los tragaba sin respirar, como los jarabes horribles, como las cosas que huelen mal. Me los tragué y cuando ya estaban todos así, en el fondo del estómago, cómodos, tranquilos, empecé a utilizarlos en mis despedidas. Al principio me asustaban un poco, aparecían de repente en los ¡hastamañana! a conductores de autobús; en los aeropuertos y estaciones de trenes.
Aun así me acostumbré enseguida a su presencia. Los usaba hasta en las canciones, hasta en las cartas, hasta en los correos. En todo menos en los mensajes (ya sabes que todavía es joven mi teléfono, y después de esto, creo que sería mejor devolverlo al río).
En conclusión, que las despedidas de papel coûche y plastilina terminaron deslizándose en demasiadas ocasiones por la punta de mi lengua (donde habitan todo ese tipo de palabras) y se me están acabando.
Ahora que ya utilizo mucho más la palabra adiós estoy dispuesta a darme otro atracón de hastaluegos si me lo propones, si rompes el cristal.
Porque los adioses son finales tajantes (sin posibilidad de recurrir, sin apelación).
Son la respuesta más valiente a alguien que se va.
Y los valientes, como el buen vino, duran poco.
Empezar - Lachicadelosbotones
Porque una vez sabía (supe, que no estoy mintiendo) decirlo. Sólo decía adiós. Pero no me gustaba y era tal la atracción que me produjeron los hastaluegos que empecé a llenarme la boca con sus sílabas. Empecé a introducirlos entre los dientes, los masticaba un poco y me los tragaba sin respirar, como los jarabes horribles, como las cosas que huelen mal. Me los tragué y cuando ya estaban todos así, en el fondo del estómago, cómodos, tranquilos, empecé a utilizarlos en mis despedidas. Al principio me asustaban un poco, aparecían de repente en los ¡hastamañana! a conductores de autobús; en los aeropuertos y estaciones de trenes.
Aun así me acostumbré enseguida a su presencia. Los usaba hasta en las canciones, hasta en las cartas, hasta en los correos. En todo menos en los mensajes (ya sabes que todavía es joven mi teléfono, y después de esto, creo que sería mejor devolverlo al río).
En conclusión, que las despedidas de papel coûche y plastilina terminaron deslizándose en demasiadas ocasiones por la punta de mi lengua (donde habitan todo ese tipo de palabras) y se me están acabando.
Ahora que ya utilizo mucho más la palabra adiós estoy dispuesta a darme otro atracón de hastaluegos si me lo propones, si rompes el cristal.
Porque los adioses son finales tajantes (sin posibilidad de recurrir, sin apelación).
Son la respuesta más valiente a alguien que se va.
Y los valientes, como el buen vino, duran poco.
Empezar - Lachicadelosbotones
domingo, 9 de diciembre de 2012
Isolation
Y lo que es real eres tú. Tus glorias, tus esperanzas, tus planes, tus miedos, tus inseguridades y ellos dicen: "NO, NO SOMOS IMPORTANTES, somos periféricos". Saca un título, consigue un trabajo; consigue esto, consigue lo otro. Y entonces eres un jugador en un juego que ni siquiera deseas jugar.
Lo que quieres en realidad es reclamar tu mente.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Llueve
Llueve en tu cama cuando me da por morder tus hombros,
llueve en tus ojos cuando por las mañanas me debo ir al trabajo,
llueve en tus ojos cuando por las mañanas me debo ir al trabajo,
llueve en tu alma por esconder a este naufrago.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Jodorowsky
Si no me besas, te quebraré el cuello.
Si no me besas, te convenceré de que me beses.
Si no me besas, esperaré a que tengas ganas de besarme.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Paloma
Mi vida, fuímos a volar con un solo paracaídas y uno solo va a quedar volando a la deriva. Vivir así no es vivir, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando. No te preocupes, Paloma, no hay pájaros en el nido. Dos ilusiones se irán a volar, pero otras dos han venido.
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